lunes, 30 de septiembre de 2013

Revista Axxón #246

Han publicado uno de mis cuentos en la revista Axxón, los invito a leerlo junto a los otros textos seleccionados de autores de diferentes partes de hispanoamérica.

http://axxon.com.ar/rev/2013/09/ficcion-breve-setenta-y-uno-varios-autores/#13

La entrevista

Un estudio de televisión, dos sillones, una mesita de centro y dos personajes. El escritor fuma, entorna los ojos y escucha con paciencia a su interlocutor, en ocasiones asiente. Ante una pregunta, el escritor se quita las gafas y contesta: «Creo en fantasmas». El periodista hace una acotación, cita a Henry James, habla de la psicología de la narrativa, la proyección del autor en su propia obra, el fin último del cuento y con sorna, manifiesta la incertidumbre y falsedad de lo fantástico. El escritor sólo sonríe, se eleva en el aire y desaparece.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Maná

Ya no había alimento y un ángel bajó del cielo para mostrarles el camino de la salvación; ellos se comieron primero las alas.


Sergio F. S. Sixtos




Palabráfago



Era un animal literario y se alimentaba de palabras; acechaba entre matorrales y en el momento propicio saltaba sobre la víctima, despedazándola. Era un palabráfago consumado, el mejor de su tipo. Las palabras pequeñas, en un principio lo saciaban, pero a medida que crecía, el hambre también lo hacía. Buscaba frases completas, con adverbios y adjetivos incluidos; se lanzaba a la carrera y en menos de un suspiro, daba alcance a la frase y la deshacía a dentelladas. 
El animal literario creció y pronto las frases, dejaron de ser las presas favoritas. Comenzó a observar los cuentos y cuando probó el primero, no pudo parar, ya no hacía distinción entre la longitud del cuento, ni el género al que pertenecía; más su presa favorita, fue siempre el cuento de fantasía. Una tarde, escuchó un sonido monumental, se acercó con cautela y ante él, se encontró con la novela. Era una bestia gigantesca, de más de mil páginas, la siguió durante días, esperando el momento adecuado para atacar. Obtuvo miles de palabras por semanas y algunas heridas. Cazaba, dormía y se restablecía  de las magulladuras —era su rutina—. 
Un día, el animal literario se adentró por un sendero oscuro, siguiendo una cadencia musical que nunca antes había oído, eran palabras que rotaban y se transfiguraban, y el animal literario cayó cautivo por la poesía.


Sergio F. S. Sixtos

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