miércoles, 26 de febrero de 2014

Presentimiento

El detective no encontró pistas en torno al cadáver. Cada uno de los sospechosos tenía una coartada perfecta; entonces el detective observó con atención al lector y comenzó a desconfiar.

Sergio F. S. Sixtos

domingo, 16 de febrero de 2014

El desafío

La mañana se asomó por la ventana. Perezosa, me negué a abrir los ojos. Cubrí mi rostro con las sábanas y me concentré en continuar mi apacible sueño, era un sueño lindo: podía volar, surcaba el aire y las gaviotas graznaban celosas. Las dejaba atrás, muy atrás; comparada con ellas, yo era un avión supersónico. El avión a reacción en que me había convertido, atravesó una nube cargada de agua de lluvia. Un ruido atronador inundó el ambiente. Desperté sobresaltada. Nubarrones de tormenta oscurecían la mañana.

—¡Azu levántate ya! —era Dana llamándome desde el patio. La saludé desde la ventana y ella me hizo un gesto de impaciencia.

Arrojé el pijama, y vestí camisa y falda, para lucir mis nuevas zapatillas deportivas. Dana y yo acordamos saltar la cuerda desde ayer, teníamos una competencia y yo iba primera, con 30 saltos sin fallar. Dana no se quería quedar atrás, sólo había que mirar su tremenda concentración, estaba decidida a vencerme.

Dana decidió comenzar, la cuerda zumbaba a cada salto: 1, 2,…, 28, 29,… El retumbar de un relámpago nos asustó, y corrimos a refugiarnos dentro de la casa.

Hicimos espacio en el comedor y reanudamos la competencia de saltos de cuerda; pero mamá nos prohibió saltar dentro de la casa. Disgustadas subimos a mi habitación y vimos llover.

Dejó de llover, o como diría el abuelo: escampó. Salimos dando brincos de contentas a seguir con nuestro desafío de la cuerda. El sol iluminó el jardín y un arcoíris se dibujó a lo lejos. Miramos emocionadas cada uno de los colores que lo formaban, preguntándonos como se formaban esos colores tan bonitos. Dana fue la primera en darse cuenta: el arcoíris se movía, lento como un caracol, se acercaba a la casa. Corrimos para avisarle a mamá. Ella horneaba un pastel de chocolate, nos respondió con una sonrisa y siguió ocupada con el pastel. Subimos alarmadas a mi habitación; el arcoíris venía directo hacia la casa, era la velocidad de caracol más rápida que he visto en mi vida. Gritamos y pataleamos alarmadas, nos refugiamos bajo la cama.

El impacto fue feroz. La casa se estremeció hasta los cimientos. Cayeron libros y cuadros al suelo, todo estaba patas arriba. Salimos corriendo para auxiliar a mamá. El pastel de chocolate era una ruina y había trozos de arcoíris por toda la casa. Ayudamos a mamá en el aseo de la casa. Yo conservé algunos trozos de arcoíris y con ellos construí un móvil que cuelga al centro de mi recámara. Dana, corrió a su casa con una canasta rebosante de cristales multicolor.
Sergio F. S. Sixtos


                                                       

miércoles, 12 de febrero de 2014

Cosas de palabras

Las palabras: giran, danzan, se empujan y revolotean entre ellas. Algunas chillan, maldicen y en un instante se borran. Otras se conocen y reconocen, y poco a poco se amalgaman y crean una historia.
Sergio F. S. Sixtos

domingo, 9 de febrero de 2014

Nadie mira



Un cuento zombie se coló en un cuento policíaco. En un breve instante: el detective, el sospechoso y la víctima ya comían cerebros.

Sergio F. S. Sixtos

viernes, 7 de febrero de 2014

Guirindán, guirindán, guirindán

La mofeta negra llegó al Palacio de las blanquísimas mofetas la noche de carnaval. La música paró, las mofetas blancas la observaron curiosas. La nobleza se reunió con la reina y deliberó: “No se permitirá a una vulgar mofeta azabache degenerar nuestra hermosa blancura.”
La mofeta sastre diseñó y cortó para Su Majestad Imperial, un hermoso abrigo negro y terso.
Sergio F. S. Sixtos

miércoles, 5 de febrero de 2014

El oficio de escritor


Ensambló cada una de las piezas (perfectamente engrasadas) de la carabina M1, las manos se deslizaban hábiles, cual arañas. El humo del tabaco rubio hacía que William S. Burroughs entornara los ojos. Colocó el rifle sobre la mesa y acarició la culata distraído.

Un ruido siseante captó la atención del autor, la adrenalina le recorrió el cuerpo; despacio, muy despacio tomó el arma. Se volvió con la rapidez de un gato y disparó en tres ocasiones. El virus palabra explotó como un globo, lanzando letras y erratas al rostro del escritor.

Sergio F. S. Sixtos


domingo, 2 de febrero de 2014

La cita

Sábado por la tarde, María tiene prisa: revisa el bolso una vez más, se mira en el espejo, se alisa el cabello, revisa el carmín de sus labios. Arturo la espera en el café de siempre, por tercera vez ha llamado por teléfono, impaciente. María gira sobre sí misma. Toma la cartera: hay suficiente efectivo, agarra las llaves, unas gotas extras de Flowerbomb.
La luz del atardecer se cuela por la ventana, dibuja rectángulos de luz sobre las baldosas; María las atraviesa y cae por ellas, se precipita en caída libre hacia el infinito.
Arturo mira el reloj: ha transcurrido una hora desde la última llamada; paga la cuenta y se marcha del café: maldice en voz alta.
Sergio F. S. Sixtos

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