jueves, 29 de octubre de 2015

El gato

25 de octubre
Bety trajo un gato (más bien es un gatito), el niño lo llamó “Bigotes”.
27 de octubre
El gato se caga en las macetas, todo llena de pelos, puse al niño a limpiar.
30 de octubre
El niño gastó sus ahorros en las vacunas para el gato.
2 de noviembre
Regresamos del panteón, al abrir la puerta el gato trepó por mi muslo y me hizo daño, le pegué.
6 de noviembre
Le advertí al niño que si no educa al animal lo tiraré en el basurero, el niño lloró y prometió hacerlo.
9 de noviembre
Hoy le pegué al gato porque se subió a la mesa, el niño me vio y desde entonces ha estado muy callado, evitó mirarme durante todo el día.
12 de noviembre
Por fin se largó el maldito gato, el niño ha estado encerrado en su cuarto llorando, no quiso comer ni cenar, que le sirva de lección.
13 de noviembre
Obligué al niño a que comiera, lloró y pataleó, pero comió.
14 de noviembre
Está insoportable, hablaré con su padre para que se lo lleve a su casa unos días.
15 de noviembre
¡Por fin estoy sola! La felicidad, ta-la-ra-ra…
16 de noviembre
Regresó el maldito gato, ha estado rondando la casa y maúlla cada vez que le arrojo algo, y no se larga.
17 de noviembre
Hoy dormí todo el día, no comí.
18 de noviembre
Estoy enloqueciendo, el gato habló conmigo, no lo hizo con palabras, fue con la mirada.
19 de noviembre
No he sido buena madre, ni hija, ni esposa, ni amiga.
20 de noviembre
Es tiempo de despedirme, el gato dice que no dolerá, que al principio arde como una inyección y después la paz (le creo); estoy tranquila: el niño estará con su padre y el gato me guiará durante el camino.
Sergio F. S. Sixtos

jueves, 23 de julio de 2015

El cine

El calor del medio día en La Habana condujo los pasos de Ramoncito Blas y un servidor en busca de helados, la fila era infame, no tenía ánimos para tostarme bajo el sol asesino.

Ramoncito sugirió ir al cine, se proyectaba una película de Pedro Infante, acepté y en una hora ya estábamos arrellanados en la butaca, Ramoncito era un barril y apenas cabía en el asiento y tenía tres días sin bañarse (por los cortes de agua habaneros), tenía la peste, estaba acostumbrado a esa característica de mi amigo, en ocasiones era una bendición como el día de hoy, los vecinos se retiraron dando voces y llamándolo grajo, Ramoncito no se quedó callado y vociferó insultos demenciales en contra de los críticos. Como recompensa a los improperios conseguimos asientos libres a diestra y siniestra. La película se proyectó (la burocracia cubana permeaba hasta en el cine) con una hora de retraso, Ramoncito dormía, un par de codazos y ya lo tenía de vuelta en este mundo.
La cinta la había visto varias veces, pero no me importaba: “Deja que salga la luna, deja que se meta el sol, deja que caiga la noche, pa' que empiece nuestro amor…”, cantábamos junto a Pedrito Infante; los vecinos comenzaron el titingó así que por bienestar físico tuvimos que callar.

Lilia Prado me miraba con ojos soñadores y yo seguía cantándole bajito, un susurro solo para ella…, la sala quedó a oscuras, la rechifla y maldiciones por esos apagones planificados por el gobierno comenzaron a sonar.

Salimos del cine sintiéndonos charros, con espuelas y tremendas pistolas colgadas del cinto. Nuestras monturas eran briosos corceles con sillas adornadas con filigrana de oro y plata. Nos montamos en la guagua y yo grité: “¡Arre!”

Sergio F. S. Sixtos



sábado, 6 de junio de 2015

Eco diferencial

En 1833 Charles Babbage presentó su máquina diferencial a la Royal Astronomical Society. Uno de los miembros de la institución era  sir William Sterling quien durante la hora del té comentó a su familia la presentación del portentoso ingenio mecánico, entre muestras de admiración de los presentes, describió el aparato de dimensiones similares a un carruaje sembrado de engranes de acero y hierro colado. El hijo menor de sir William, interrumpió a su padre en la descripción del artificio para señalar que él junto a sus compañeros del instituto habían descubierto una cueva con características similares al artilugio que describía, es decir, uno gritaba una operación matemática y la cueva devolvía el resultado en forma de eco. Madame Sterling esa noche envió al pequeño Peter a la cama sin cenar.

Al día siguiente Peter junto con dos de sus compañeros emprendieron una excursión a la cueva, en la entrada gritaron una multiplicación de fracciones y el eco devolvió la respuesta correcta, con un par de lámparas de queroseno se internaron en la caverna.

Una semana después Peter Sterling regresó a casa, no se volvió a saber nada de sus amigos, Peter se encontraba en estado catatónico y sólo era capaz de decir: el hombre pálido se los comió a todos, está detrás de nosotros. Con gran pesar de la familia, Peter Sterling fue internado en una clínica psiquiátrica, donde lo trataron por años con choques eléctricos. Todos los días primero de cada mes una devastada madame Sterling visitaba a su hijo, lo escuchaba murmurar durante horas sobre comida, sangre y un hombre pálido que se encontraba oculto en algún lugar detrás de ellos.



Sergio F. S. Sixtos

Relato publicado en Penumbria 20a; arte de Alejandra Gámez.
Revista: http://issuu.com/penumbria/docs/penumbria_____veintea/1

miércoles, 14 de enero de 2015

El Tercer Reich en América

Juan Hassel nació en Montevideo Uruguay, desde joven albergó nostalgia por la patria de los abuelos paternos. Al estallar la Segunda Guerra Mundial atendió el llamado de la sangre: Volksdeutsche. Se alistó en el 5° Regimiento Panzer gracias a sus habilidades como mecánico. Durante el sitio de Tobruk perdió un ojo y fue tomado como prisionero por los británicos. Logró escapar junto con otros dos compañeros internándose en el desierto Libio.

La travesía entre tormentas de arena durante el día y gélidas noches cobró la vida de uno de sus camaradas. Según el reloj de Juan (regalo de infancia del abuelo) habían transcurrido tres días con sus noches de jornada, comieron alguna serpiente que cazaron y la ración de agua de las cantimploras estaba por agotarse. A la distancia divisaron un cumulo de piedras y oculta entre ellas había una cueva. Permanecieron escondidos perdiendo la noción del tiempo (la fina arenilla del desierto terminó por estropear el reloj). Juan comenzó a escuchar voces, susurraban poemas en español acerca de la tierra abandonada, el barrio natal Pocitos, la playa y los asados. El corazón de Juan comenzó a encogerse por la pena. Las voces decían que la guerra estaba perdida, había que volver a Montevideo y comenzar de nuevo. Las voces exigían un sacrificio de sangre para ayudarlo a regresar a casa. Juan no lo pensó dos veces, tomó una pesada roca y la estrelló contra la cabeza de su compañero que dormía, la muerte llegó instantánea. 

Un vórtice de luz se abrió en la pared de la cueva, Juan la atravesó atendiendo la invitación de las voces. El portal de luz lo condujo de nuevo a Montevideo a un tiempo que ya no le correspondía, setenta y tres años en el futuro.


Es común ver en la calle 18 de Julio a un joven flaco y desgarbado, vistiendo harapos de lo que otrora fuera un orgullosos uniforme del Afrikakorps, sosteniendo un soliloquio y aceptando mendrugos de pan susurrando: dank

Sergio F. S. Sixtos

lunes, 5 de enero de 2015

El haiku

Una tarde, nos reunimos Ulises Luna, Pepe Daconte y yo en el Café Ik de la calle Independencia. El aroma a café tostado y el chocar de tazas de las mesas vecinas, incitaron a Daconte a contar una de sus historias de detectives —tenía dos años retirado y aún no lo abandonaba la nostalgia—, sin dejar de garabatear en su libreta caricaturas  de las personas que ocupaban las mesas aledañas dijo:
—Voy a contarles algo que sucedió hace años, llega la idea, ya que no puedo quitar la vista de la portada del libro que lee la joven a la que estoy retratando.
Miré el dibujo, no era malo, pero a veces Daconte exageraba con sus pretensiones artísticas. El libro de la joven era una antología de haikus clásicos japoneses: Issa, Buson, Shiki y otros.
—El 26 de septiembre de hace cuatro años —comenzó Daconte—, recibí una llamada urgente de mi jefe, habían asesinado en su departamento a la prestigiosa poetisa Xóchitl Guadarrama, tal vez recuerden el caso, la prensa amarillista hizo un escándalo del homicidio.
—Lo recuerdo, se descubrió que fue un crimen pasional más no tenía idea de que estuviste involucrado en el caso —dijo Ulises Luna.
—Las consecuencias del crimen me tienen sin cuidado —dijo Daconte haciendo una mueca de desdén—, lo interesante, es que se cumple aquel viejo refrán: "genio y figura hasta la sepultura". Aquella mujer: escribió libros de poemas, acaparó premios literarios y vivió la poesía hasta el final de su vida. No soy una autoridad en el tema ni mucho menos, pero sé distinguir entre el trabajo de un aficionado y un profesional en casi todos los campos útiles para mi actividad. —Daconte haciendo gala de su terrible modestia,  hizo una pausa teatral mientras cerraba su libreta de apuntes y apuraba su café con leche, pidió uno más a la camarera y prosiguió:
—Me dirigí al conjunto urbano Nonoalco Tlatelolco, al departamento 576 del edificio Cuauhtémoc. Los policías de a pie con los que me encontré estaban desconcertados por la evidencia encontrada o mejor dicho por la falta de evidencia; la poetisa había sido apuñalada y no había rastro de lucha en el departamento, ni arma homicida. La única pista palpable era un pequeño poema escrito, con la propia sangre de la víctima, a un lado del cadáver. Todo hacía suponer que la poetisa había escrito esos versos, quizá como testamento literario. Algunos de mis compañeros lo pensaron así. Soy escéptico en todos los campos por naturaleza y rechacé la idea desde un principio, aunque la letra era errática y temblorosa había algo que no cuadraba. En la biblioteca de la poetisa, como es de suponer, estaban sus obras completas; revisé cada uno de los libros y leí los poemas; eran cantos al amor,  la esperanza y a la vida. No estaba presente la métrica que desde pequeño me enseñaron en la escuela, todo el trabajo de la poetisa era prosa poética.
—¿Había una diferencia con lo escrito en el piso? —pregunté tratando de recordar alguno de los poemas que sabía de memoria.
—Sí, era un haiku, ya saben: pequeños poemas compuestos de tres versos que describen  la naturaleza —contestó Daconte señalando el libro de la joven.
—Es extraño que una poetisa que escribió prosa poética toda su vida decidiera escribir un haiku en sus últimas horas —dijo Ulises Luna mirando el libro de la joven.
—Lo mismo pensé, leí con atención el haiku y dirigí a los policías de a pie a detener al asesino —dijo Daconte con satisfacción.
—Espera, espera. ¿Quieres decir que estaba escrito en el haiku la identidad del asesino? —pregunté incrédulo.
—Claro que no, la vida no es tan simple amigo mío; quiero decir que el asesino quería que lo descubriera y dejó todo a mi disposición —contestó Daconte con una sonrisa burlona.
Miré ofendido a Daconte, mientras éste ordenaba su tercer café con leche.
Daconte prosiguió sin darse por aludido:
—El haiku era de lo más vulgar y decía:
Observa el cuerpo
fue próxima la muerte
sigue los versos.
—No entiendo —tuve que admitir.
—Está claro —apuntó Daconte sonriendo.
—Tampoco entiendo —secundó Ulises Luna frunciendo el ceño.
—El haiku amigos, es un poema breve, una reflexión poética de la naturaleza o la vida cotidiana y sólo lo estructuran tres versos;  para llamarse haiku, se necesita que el primer verso sea de cinco sílabas, el segundo de siete y el tercero verso de cinco sílabas. 575; el número del departamento del homicida, era el vecino, el amante despechado. Encontramos el arma homicida y al sospechoso que aún no se deshacía de la evidencia. —Daconte terminó su tercer café con leche y ordenó la cuenta.
Ilustración: Alejandra Gamez
Sergio F. S. Sixtos

viernes, 2 de enero de 2015

Internacional Microcuentista

Repasando lo hecho el año anterior (aquel aún cercano 2014), la Internacional Microcuentista publicó una entrada sobre el proceso creativo de un servidor. Lo comparto con ustedes:

http://revistamicrorrelatos.blogspot.mx/2014/05/la-idea-viene-menudo-de-la-manocon-una.html

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